Estúpidos
Domingo 27 de Enero, 2008 por Antonio ParedesSiempre e inevitablemente, todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación.
– Carlo M. Cipolla, primera de Las Leyes fundamentales de la estupidez humana.
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Junio 28, 2008 - 6:12 pm
El individuo estúpido da importancia a lo que no tiene ningún valor, ensalza actividades que no aportan un bien a la sociedad, valora lo superficial, lo que da dinero fácil, defiende a lo fútil, engrandece lo evanescente. Odia a muerte al que le dice la verdad, desea que se muera, en vez de estar agradecido. Le gusta explicar fenómenos triviales, que no necesitan explicación o que todo el mundo con dos dedos de frente comprende. No aprende cosas nuevas, sino que se repite continuamente en todo lo que habla, tiene cuatro ideas en la cabeza a las que está dando vueltas continuamente y no sale de ellas. Ser licenciado o catedrático no exime para nada de ser estúpido, sino que a veces por serlo puede incrementar enormemente la estupidez de la persona. En una discusión o en un diálogo, el estúpido no se apoya en argumentos, ni en hechos, lleva siempre la contraria sin saber de lo que habla. Niega constantemente para hacerse el superior, porque se cree que vale más, o porque se ha hecho con una cifra mensual superior a la tuya. O simplemente para crear mal ambiente y generarte ansiedad con esa actitud de llevar la contraria. No le gusta profundizar en las ideas y sus pensamientos son lineales, no da más de sí, y no echa de menos otras dimensiones del pensamiento. El estúpido no quiere ver la realidad, sino aquello que le beneficia. La única verdad es la suya, basada siempre en su estupidez de creerse que es el amo de todo el conocimiento y no sabe de nada. Los estúpidos creen que todos aquellos que son inferiores a ellos necesitan tutelarles, dirigir sus vidas y les dicen continuamente lo que tienen que hacer. Usan las palabras sin poner atención en su sentido, no entienden el sarcarmo, interpretan todo mal, no saben descifrar la paradoja, el cinismo para ellos carece de sentido. Se niegan a prestar atención a las razones expuestas por los otros. No escuchan nada más que lo que quieren oir. No consideran la realidad de las cosas, ni los diferentes matices del pensamiento. Convierten en víctimas a las personas sensatas, expuestas a su torrente de estupideces. Sus formas de actuar son una agresión contra el sistema, y con todo lo que le rodea. Llegan a ejercer sobre los demás una violencia intelectual tremenda porque, en las conversaciones imponen lo irrelevante, lo inútil que no aporta nada, faltan al respeto, se meten con temas personales de la vida privada para echar atrás a una persona, insultan y denigran sin fundamento, saltan entre temas continuamente, no dejan hablar a los demás cortando las conversaciones y sin dejar terminar las frases, o haciéndolo ellos mismos, y no hacen más que alabarse.